Relatos Eroticos

Silvia Después de un tiempo me decidí por fin a contar mi historia porque creo que les gustará. Hola amigos de marqueze Leo esta página desde hace tiempo y la verdad me encanta porque veo que hay mucha gente que le gusta el sexo como a mí y ya no me parece que yo esté tan mal como a veces antes creía. Después de un tiempo me decidí por fin a contar mi historia porque creo que les gustará. Me llamo Silvia, vivo en México, tengo 25 años, soy bajita, mido 1.60, y soy delgadita, mis medidas son 88-57-88, con un traserito paradito y rico, como dicen mis amigos. Les voy a platicar de mi primera vez. Desde los 16 años ya estaba desarrolladita, y por mis formas ya captaba la atención de mis amigos y hasta de los maestros. Tenía 18 años recién cumplidos cuando una vez una amiga, Angélica, me invitó a su casa para hacer una tarea y ella tenía un hermano, Raúl, de 29 años, guapísimo, de barba cerrada, alto, medía como 1.90, fornido porque hacía pesas y era atleta, y que siempre andaba con un amigo de esa misma edad, Ernesto, que también estaba muy bueno. Los dos eran nuestros sueños, nuestros amores imposibles, porque ya eran más grandes y a nosotras como que ya nos urgía dejar de ser vírgenes. No pensábamos en otra cosa. Angélica me había platicado que creía que Ernesto como que le traía ganas, porque algunas veces lo había cachado viéndole las piernas cuando creía que ella no lo miraba, y cuando esa vez nos vieron juntas en el comedor con los libros, los dos comenzaron a hacernos la plática. Nosotras estábamos sorprendidas y encantadas. No había nadie en su casa y sacaron una botella de tequila y nos invitaron. Después de algunos traguitos nos empezamos a sentir medio mareadas, y Raúl y Ernesto nos llevaron a la sala. Raúl me dijo: --Ven, Silvita, siéntate en mis piernas. Para esto las dos traíamos el uniforme de la escuela y cuando me senté en sus piernas con una mano me levantó la falda, quesque para que no se arrugara. --Tú también siéntate así, Angélica --le dijo Ernesto a mi amiga. Y ahi estábamos las dos bebiendo y sentadas encima de ellos. Yo la verdad me estaba poniendo nerviosa porque Raúl me agarraba las piernas según él para que no me fuera a caer, y me empezó a preguntar que si ya me habían besado. --Sí, ya he tenido novios --algunos chavos de mi edad me habían metido mano y yo les dejaba hacer todo, pero ninguno se había animado a más. --Y te besan rico? --Más o menos. --Mira, yo te voy a enseñar algo que creo que todavía no sabes. Y me empezó a besar bien rico, me metía la lengua en la boca al tiempo que me seguía acariciando las piernas, cada vez más arriba. Yo nada más suspiraba y veía de reojo que a Angélica se la estaban agasajando más o menos igual. Sentía los brazotes de Raúl cómo me sostenían con fuerza, y sentía también su paquetote duro abajo del pantalón pegado a mi pierna. --Te gusta, Silvita? --Mjmjm --yo nada más le decía que sí con gemiditos, porque estaba como ida, por el tequila, los besos y los manoseos. Después de un rato de estar así Raúl empezó a acariciarme más arriba, hasta que llegó a mis choninos (calzones) y me empezó a acariciar la rajita, mientras con la otra mano me agarraba una de mis tetas, y me sobaba el pezón arriba de la blusa. Ahí empecé a suspirar más fuerte y él me empezó a bajar los choninos, por lo que yo me levanté tantito para que salieran y me los bajó hasta que me los quitó, junto con mis zapatos, y me quedé sólo con mis calcetas, falda y blusa. Para entonces ya me tenía acostada sobre él y me empezó a desabotonar la blusa. --Qué rica estás chiquita. Vas a ver qué rico vas a sentir. --Qué me quieres hacer, Raúl? --Qué crees, Silvita? --Me quieres cojer verdad? --Sí. Cómo te diste cuenta? --Por tu verga que está bien dura. --Quieres verla? --Sí. Y se bajó los pantalones y salió tremenda verga, creo que era normal pero en ese entonces era la primera que veía y me pareció enorme. Aunque ahora que lo recuerdo no estaba tan normal, pues ha de haber medido como 18 centímetros. Volteé a ver a Angélica y Ernesto, y Angélica ya estaba hincada en el piso dándole unas chupadotas a la verga de Ernesto, que estaba en el sillón sentado con las piernas abiertas bebiendo tequila y acariciando la cabeza de Angélica y jugando con sus trencitas. En eso sentí las manos de Raúl que me agarraban de la cabeza y me la llevaban hasta su verga, por lo que abrí la boca y le empecé a dar de lengüetazos, y luego me la metí a la boca. Tenía un olor raro, como saladito, que me excitó muchísimo. Él suspiró. --Aaahhh. Qué rico chupas Silvita. Vas a hacer que me venga luego luego. --Me avisas cuando te vengas eh? --Te voy a avisar pero para que cuando salga la leche de mi verga te la tomes toda. --Bueno. Y seguí chupándola como si fuera una paleta, le pasaba la lengua por el tronco y le daba besitos en la punta, y luego me la metía a la boca y la apretaba entre la lengua y el paladar, y se veía que a Raúl le gustaba horrores, porque cerraba los ojos y me acariciaba el pelo, hasta que se vino durísimo, soltando unos chorros de leche que me sorprendieron, pero agarré la verga y seguí chupando hasta que me tomé toda su leche. No me gustó mucho al principio, sabía como a leche con sal, aunque algo dulzona, pero seguí chupándola hasta que ya no salía nada. Me dio a beber más tequila, se levantó y fue al baño. Volteé a ver a Angélica y Ernesto, que ya se iba a la recámara de Angélica. Ella se acercó a mí con una sonrisita y restos de leche en su pelo. --Al rato nos vemos, Silvita. Creo que Ernesto me va a cojer. --Sí, creo que a las dos nos van a cojer bien duro. Y nos reímos, creo que porque todavía estábamos medio borrachitas. Se fue Angélica y regresó Raúl, que me cargó en sus brazos hasta su recámara. Estábamos de pie frente a su cama y yo le llegaba al pecho, se inclinó para besarme y le sentía la verga junto a mi vientre. Después me sentó en la cama y me hizo que le chupara la verga otra vez. Estaba medio flácida pero con unos cuantos chupetones rápidamente se puso dura de nuevo. Me acostó en la cama, me quitó la blusa y me levantó el brasier, y se puso a chuparme las tetas riquísimo, mientras con su mano me acariciaba la rajita y me estaba poniendo a mil. --Oye Raúl yo creo que no me va a caber. Tu verga está muy gorda y larga. --Vas a ver cómo sí te cabe toda, chiquita, nada más es cosa de prepararte y dejártela ir despacito. Y me empezó a meter la lengua en la rajita hasta llegar a mi clítoris, y ahí sí empecé a sentir lo que nunca había sentido. Empecé a mover mis caderas para arriba y para abajo, y en ese momento sentí como que me orinaba y perdí la noción de todo. Después Raúl se acercó a mí, se me subió y agarrándome fuerte de las nalgas me colocó la punta de la verga en los labios de mi vaginita. --Ahora sí ahi te va la verga, corazón. --Despacito porfa. --Sí, chiquita. --Aaaaahhh. --Apenas va la punta. --Aahh, es que está muy gorda, aahh. Y siguió metiéndome centímetro a centímetro su verga, hasta que llegó a mi barrera virginal, y entonces la metió durísimo, y creí que me partía en dos. --¡¡Aaaaaaaaayyyyyyyyy!! --¡¡Aahh!! Qué rico bizcochito tienes Silvita. Y me la metió toda hasta el fondo. Me tenía agarrada de las nalgas y me empezó a chupar las tetas, y después de un ratito empezó a sacarla y a meterla. --Ay, Raúl, ay, ay, ay, ay --yo nada más gemía cada vez que me la metía. --Eso, Silvita, qué rica estás, esponjosita y apretadita. Qué ganas te traía, chiquita. --Ay, pues, ay, aquí, ay, me, ay, tienes, ay. --Aaahhh. Así estuvo dándome garrote unos buenos 20 minutos, en los que después del dolor llegaron la calma y los orgasmos. Él me agarraba fuerte de las nalgas, me las abría y masajeaba y me metía un dedo en mi culito. Y de repente me la sacó de golpe. --Bueno, hoy te voy a dar unas pastillas anticonceptivas, pero mientras no me vas a dejar con las pelotas llenas, cosita. --No? --No. Voltéate. Y me puso en cuatro patas, como los perritos. Agarró un frasco de crema y me empezó a untar mi colita de atrás, o sea, mi culito. --Me vas a cojer por ahí? --Sí, mi reina, y en tu culo me voy a venir a gusto. --Ay, Raúl, no me va a caber. --Otra vez con eso. Vas a ver. Me puso en la orilla de la cama, me puso la cabeza pegada al colchón y la cola bien paradita. Yo cerré los ojos y me dispuse a lo peor. Él estaba de pie atrás de mí y sentí la punta de su verga en mi culito, que trataba de entrar. Sentí la cabeza, entró, y después poco a poco fue entrando toda. Yo creí que me moría, pero sólo apreté las sábanas y me aguanté, pero no pude sofocar un grito cuando después de varios minutos la sentí hasta adentro de mi pancita. --¡¡Aaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhhh!!, qué bruto eres Raulito. --¡Aaahhh!, pero qué rico culo tienes Silvia, es increíble. Qué rico me aprietas la verga. --Ay, ay, con cuidadito porfa. --Sí, con cuidadito pero hasta el fondo --y me seguía cojiendo fuerte. Me tenía agarrada de las caderas y se empujaba hasta lo más adentro que podía. Sentía sus huevotes que pegaban contra mis piernas, y me hacía para atrás y para adelante cuando llegaba su verga hasta lo más profundo de mis intestinos. --Toma, Silvita, y toma y toma... --Ay, ay, sí, ay, sí, sigue... --yo movía mis nalgas hacia los lados, y para atrás y adelante, cada vez que sentía entrar su verga. Y siguió hasta que se dejó caer encima de mí con todo su peso, mientras me besaba una oreja, mi nuca, mi espalda... --Aaaaaaaaahhhhhhh. ¡Me vengoooooo! --Sí, vente Raulito dame toda tu lechita --y me empujó contra el colchón mientras yo le movía mis caderas hacia los lados para apretarle más su vergota. --Ahí está toda la leche, tómala Silvita. Y sentía cómo su verga crecía y explotaba en mi culito. Eran chorros de leche que salían disparados a mis intestinos adoloridos. La sentía calientita y abundante. Pero así se quedó un ratito, y cuando sentí que ya no estaba tan dura y pensé que ya me la iba a sacar, le empecé a mover mis nalguitas otra vez, y él empezó a empujar de nuevo, y sentí cómo se endurecía una vez más, me recostó de ladito y empezó con su mete-saca otra vez. --Ay, papacito, me vas a destrozar la cola. --Sí, Silvita, te voy a destrozar tu culito. Quieres? --Mjmjm --y con ambas manos me agarró de las tetas, volteé mi rostro para besarlo en la boca y besándome me cojió durísimo hasta que se vino otra vez. --Aaaaaaaaahhhhhhh. --Ay, siento tu lechita otra vez. --Tómala, corazón. Me empujó su vergota dos o tres veces más, hasta que por fin dejó de salirle leche. Y me la dejó bien metida hasta que salió solita, ahora sí ya flácida. Fui al baño, me arreglé y salimos a la sala, donde ya estaban platicando Angélica y Ernesto. Ahí fue cuando me enteré de que para Angélica no era la primera vez que se la cojían, y de que su propio hermano Raúl fue el primero que se la cojió, y de que Angélica le había prometido a Raúl que me convencería de dejarme cojer. En fin. Al día siguiente apenas me podía sentar en la escuela, y tres días después me tocó la segunda vez. Fue el inicio de una relación muy rara, cachonda y verdadera, que les contaré en otra entrega. Por favor mándenme comentarios, sugerencias, etc., a Autor: silvita

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