Layla (I) En el despacho Nos habiamos conocido a través de los contactos de marqueze Nos habiamos conocido a través de los contactos de marqueze. Layla, con sus 37 años está superbuena. Su mayor atractivo, además de sus protuberantes pechos es su mirada, lujuriosa, y sus labios, que desean besar, lamer y chupar. A todo ello se suma su foma de vestir, sus cortas y ajustadas faldas, sus medias, sus camisas, abiertas en la justa medida. Bueno, eso que esta buena. Pues como os contaba, Layla contestó a mi mensaje y nos conocimos, un café, un morreo de despedida casi sin querer y se encendió una gran llama que nos empujó a un magreo a escondidas en un rellano de una escalera de un edificio cualquiera, casi le rompo el pantalón elástico que llevaba al meter mi mano para probar sus jugos que eran muchos, sus pechos eran muy cálidos. De repente un ruido nos alertó, alguien bajaba, nos separamos y quedamos que otro día nos encontrariamos. Nuestro primer encuentro no fue todo lo bueno que yo hubiera querido. Mis nervios ante mi primera infidelidad premeditada junto con la excitación de tener a una hembra como ella a mi lado me sobrepasaron. En fín, que no di la talla con la parte de mi anatomía con la que la tenía que haber dado, aunque con mi boca cubrí el expediente, por los pelos. Lo importante es que lo pasamos bien. Posteriormente continuamos enviándonos relatos y mensajes a través de los contactos. Los relatos cada vez nos ponian más a tono. YO sabía, pues me lo había dicho, donde trabajaba, en la Universidad de Alicante, y cada vez me apetecía más verla como en nuestro primer encuentro. Deseaba pillarla de sorpresa, irnos a un rincón de una escalera poco transitada o a un almacen o un despacho y allí... bueno imaginaos. Es por eso que aquel lunes me decidí. Fui a su departamento a las 14:00 h. y las esperé cerca de la puerta de su despacho aunque parapetado en una esquina por si no salía sola. Minutos después de mi llegada ella salió. Iba vestida con una falda ancha y larga hasta los tobillos, en la parte de arriba llevaba un jersey de lana ancho. Me relamí los labios. Mientras cerraba la puerta, me puse a su espalda sigilosamente y tras cerciorarme de que no había nadie la abracé presionando con mi polla erecta dentro de mis pantalones su culo prieto y agarrando sus pechos como si de una tabla para un naufrago fuera. Ella se asustó, dio un pequeño gritito y dejó caer sus cosas al suelo. La solté, ella al reconocerme se puso roja. "¿Qué haces aquí ......?- me dijo casi en un susurro mientras recogía sus chaqueta y sus carpetas del suelo. "Quería darte una sorpesa y si te apetece..... me puedes enseñar algún rincón de este edificio". Layla tras comprobar que no había nadie en el pasillo me dijo "Pase a mi despacho Sr ........ que le voy a hacer un examen sorpresa", mi polla brincó en su contenedor de licra. Pase delante de ella que cerró la puerta detrás de mi al tiempo que mis manos se perdian bajo su jersey en busca de sus pechos dificilmente contenidos en su sujetador. Sus pertenencias volvieron a caer al suelo. Sus manos apretaban mi cabeza que intentaba seguir a mis manos levantado el jesey. Cuando mis manos elevaron el sujetador por encima de su voluptuoso contenido y mis labios hicieron cumbre su boca se abrio y un gemido rompio el silencio del despacho. Mi boca succionaba el pezón izquierdo mientras mis manos magraban sus pechos. Layla me apartó quitándose el jersey y el sujetador "deeja que me ponga más cómoda" me dijo mientras me acorralaba contra su mesa de despacho llena de papeles. A mis espaldas una ventana y un paseo lleno de estudiantes. Con sus pechos amenazantes mi polla gritaba por salir de su encierro y, como yo la mimo mucho, la liberé quitandome el pantalón y los slip. En un despacho del departamento, Layla, una profesora, desnuda me miraba en mi desnudez erguida con gran deseo antes de arrodillarse frente a mi, bueno a mi polla y dedicarle el más bello de los besos, de los morreos. En fín, empezó una mamada que casi me hace correrme pues además la acompañó de su plato especial, sorbete de huevos. Fue demasiado, de recordarlo mojo el slip. Verla allí, arrodillada, en bolas, en su despacho, con el ruido de los alumnos que todavía quedaban por los alrededores hizo que me correriera sin avisarla. Layla siguió chupando como si nada hasta dejarme seco, bueno, húmedo de saliva. Cuando se puso de pie no pude menos que besarla con todo el deseo acumulado y, girándonos, la apoyé en su mesa. "Sube" le dije y tras abrirle las piernas fui yo el que se postró ante su coño. Mis labios besaron los suyos, mi lengua su clítoris. Mis dedos luchaban por abrirse paso y ser los primeros en entrar aunque mi lengua fue primera. Layla gemia, se magreaba las tetas e incluso intentaba lamerse un pezón. Que bien sabe su coño, cuanto lo hecho de menos, si pudiera haría caramelos de sus jugos. No paré de comerle el coño hasta que Layla me expulsó de su entrepierna casi aplastándome con sus piernas mientras me decia "!Metela ya¡, la quiero dentro". Me puse de pie y sin pensar sumergí mi estoque en su vaina. "Ahrjjjj, que mojada estas Layla, cuanto me gusta, umhhh", "siiiiiiii, que gusto ........." me respondió. Me quedé quieto, la excitación me tenía al borde de un nuevo orgasmo y no quería fallar como en nuestro primer encuentro. Me puse a pensar en Sara Montiel y así conseguí controlarme la excitación, aunque casi se me baja. Empecé a bombear, que gusto, que mojada estaba. Al tiempo yo disfrutaba de sus hermosos pechos, de sus pezones, succionaba haciendole daño en más de una ocasión. Poco a poco fui acelerando las embestidas, quería correrme dentro de ella y hacer realidad la promesa que le hice de comerme su coño tras inundarselo de semen. "!Layla, me quiero correr¡", "!Siiiiiii, CORRETEEEE¡", contestó antes de besarnos al tiempo que nos dejábamos ir. "!ARJHHHHHHHH¡, con el cuerpo en tensión me corrí al tiempo que sus piernas entrelazadas sobre mi culo me intentaban meter en su coño. Sus gemiditos silenciados por mi boca acompañaron su corrida. Tras unos segundos de silencio dejó caer sus piernas liberándome. Aunque lo que más deseaba era caer sobre una silla, el deseo acumulado tras tantos días y relatos intercambiados pudo más. Me arrodillé ante su gruta de los chorros y me amorré a ella degustando el sabor agridulce de mi semen y los flujos dulzones de su coño. Creí que me iba a rechazar pero empezó a empujar mi cabeza con sus manos al tiempo que sus gemidos escapaban de su boca. !Se iba a correr otra vez!. Me encanta como puede correrse una vez tras otra. Mis manos fueron a buscar su culo, mis dedos iniciaron la perforación del agujero gris mientras sus gemidos iban aumentando, su respiración se aceleraba y su coño se inundaba de jugos. Layla estaba ya con las piernas al aire, acostada sobre su mesa y facilitando mi penetración anal-digital. Mi polla se volvió a poner erecta, deseaba hacer realidad otro de mis deseos, perderme en su culo y ella me lo estaba ofreciendo descaradamente. Tras abandonar sus coño mi lengua se centró en su esfinter bañándolo de saliva y preparando la entrada penetrandolo. Con dos de mis dedos empecé la dilatación que no requirió mucho ayuda ni tiempo. Cuando ya tus gemidos amenazaban competir con los de una peli porno me subí de rodillas a la mesa empujándola y con ella a más de un libro y papeles que en ella habían tirándolos al suelo. Tras posicionarme empecé a introducir mi polla en su culo mientras sostenía y al tiempo me apoyaba en sus piernas que casi estaban a la altura de su cabeza. Aunque la posición era incómoda ella no se quejaba sino que gemía cada vez más. Mi polla estaba a medio entrar, estaba estrecho el camino pero, !que gusto¡. Empujé y me quedé quieto, casi me corro. Layla tenía la boca entreabierta, suspiraba, gemía. Pude ver sobre su cabeza estudiantes pasar frente a la ventana sin darse ni cuenta. Empecé a bombear, sabía que iba a durar poco pero que más me daba, estabamos disfrutando, empecé a acelerar "¡¡¡¡ARJJJJJ, me gusta Layla, me gusta, ahggrg!!!, "!!!SIGUE AHHH, SIGUE, ME CORRO¡¡¡¡ "LAyla yo también, !!!!AAAAJJJ UMHHH¡¡¡" me corrí en su intestino, que gustazo. Me salí de su culo para poder caer en el suelo de su despacho y quedar casi muerto. Estaba molido. Cuando me repuse Layla seguía en la mesa, con las piernas abiertas, el semen le salía del culo y caía sobre su mesa. Me acerqué a ella, lamí sus pezones y la bese con debodión y agradecimiento callado. Al rato, ya vestidos salimos del despacho como si nada. Nos despedimos hasta la próxima auque ella me dejó pensativo al decirme "¿Me dijiste que trabajas en el Hospital de ..... verdad?" Espero que os haya gustado tanto como a mí y a Layla nos gustó. Un saludo Autor: Lucentinum
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