Relatos Eroticos

La noche del concierto Un deseo me rondaba la cabeza....... Todo empezó la noche del concierto, yo me encontraba lejos de mi ciudad, a una distancia lo suficiente grande como para dejar fluir mis más ardientes deseos por mis venas, hacía tiempo que me rondaba una cosa por la cabeza, y ello era el mantener una relación sexual en compañía de dos señoritas; al llegar me hospedé en casa de una vieja amiga, con la cual había mantenido algún tipo de encuentro sexual anterior, ella era una chica bastante apetecible, su rubia melena rozaba sus hombros, sus pechos eran normales tirando a grandes, lo suficiente como para abarcar toda mi mano, sus caderas y su culo formaban una figura difícil de olvidar, media 1´62 aproximadamente, no era muy alta por lo cual siempre podíamos practicar diferentes tipos de posturas con poca agilidad por nuestra parte, realmente gozábamos del sexo sin tapujos, yo decidí regalarla esa experiencia tan enriquecedora, hacerla sentir placer por alguien de su mismo sexo en mi compañía por supuesto. Al llegar a la casa me dirigí a su habitación, era una pequeña habitación típica de estudiante, un armario vestía la pared mientras una suave alfombra se arrodillaba ante la su lecho, el cual sería testigo de las sensaciones que esa noche inundarían su habitación, Nada estaba previsto, solo ese deseo de disfrutar y dar placer a una adorable amiga. La tarde transcurrió apaciblemente, mi amiga me presentó a una serie de amigas que compartían su piso de estudiantes, había una en especial que llamó mi atención, se trataba de una muchacha muy linda, su estilo social se hallaba entre las antiguas comunas londinenses y su roquera pasión por la música, no le gustaba mucho el alcohol, y lo poco que degustaba lo hacía siempre en combinados que invitan a vivir, su simpatía me cautivó, físicamente no era una musa, su tez blanca junto con su moreno cabello hacían de ella una mujer tan sensual en la oscuridad que daban ganas de comérsela, su pecho rondaba los 90 y su culo respingón sobresalía un poco más de lo normal pero eso no importaba. Su vida la dedicaba a dos cosas, ver la televisión y dormir, sin olvidar a su novio, él vivía fuera de la ciudad y no era una relación muy asentada, por lo cual ella seguramente anhelaría el placer carnal y la pasión desenfrenada. Al llegar la noche después del concierto, cuando las últimas farolas se empezaban a iluminar nos fuimos a casa, habíamos salido con la cuadrilla, pero mi amiga y yo teníamos mejores planes en nuestra mente. Entramos por la puerta sigilosamente, no sabíamos si habría alguien en casa, en la oscuridad ella me cogió de la mano mientras yo agarraba su cintura con la otra, me guió por el pasillo y me condujo a su habitación, antes de llegar pasamos por el salón, y vimos a su compañera de piso tumbada en el sofá, se había quedado dormida viendo la televisión, estaba allí tumbada en pijama, el cual se componía de una chaqueta de franela y un corto pantalón. Mi amiga se sentó en el sillón de al lado del sofá y yo en la alfombra muy cerca de ella, saqué mis narcóticos instrumentos de mi bolsillo y me dispuse a maquinar. Mi amiga y yo estábamos algo ebrios, pusimos algo de música y descorchamos una botella de champagne, poco a poco nuestro libido iba en aumento, me puse a hablar sobre situaciones relacionadas con el tema voyeur, era algo morboso, sin darnos cuenta mi amiga y yo no encontrábamos dejándonos llevar por los deseos de nuestro cuerpo, sin prestar atención a que su compañera de piso se hallaba a dos metros escasos de nuestro lugar de desenfreno, allí nos encontrábamos, ella abierta de piernas en el sillón, y yo arrodillado a sus pies, hundiendo mi cálida lengua en su húmeda entrepierna mientras con una mano acariciaba su clítoris y la otra se hallaba ya próxima a su sostén buscando la llave de su liberación, mi amiga tenía sus ojos cerrados a causa del placer que el sexo oral le proporcionaba, su cuerpo se agitaba una y otra vez, sus bruscos movimientos hicieron despertar algo de lo que no nos dimos cuenta. Al otro lado del sofá su compañera de piso se hallaba despierta, entreabriendo los ojos nos observaba mientras el deseo crecía en su interior, con unos movimientos suaves logró llegar con su ágil mano a su braguita la cual empezó a acariciar por encima suavemente, no quería interrumpirnos, tal vez por vergüenza, por temor a interrumpir una situación ajena a su voluntad, o quizás porque lo que realmente era seguir mirando y disfrutar de de nuestro encuentro. Cuando mi amiga alcanzó el orgasmo y mi lengua se lleno de ese jugo que da la vida me dispuse a brindar por nuestra amistad con otra copa de champagne, esta vez al alzar la frente para beber no pude evitar observar a su compañera de piso, se veía allí, tan perezosa pero excitante, entre sus los botones de su chaqueta se dejaba entrever unos pechos al parecer duros como rocas, sus pezones se veían erizados, yo pensé que seria por el frío, ya que nosotros no nos habíamos percatado de lo que ella pudo contemplar minutos antes. Le propuse un juego a mi amiga, la cosa consistía en lo siguiente, ambos deberíamos ir desnudando a su compañera poco a poco, y besando cada parte descubierta, pero todo sin que ella llegase a despertar, resultaba algo tan morboso como peligroso, pero el deseo del pacer nos animó a seguir adelante, con la ayuda de nuestra embriaguez claro está. Empezó ella desabrochando el primer de los botones de la camisa, ya que si despertaba repentinamente podríamos objetar que mi amiga la intentaba acabar de vestir bien para que no cogiese frío, su compañera no parecía enterarse así que mi amiga continuó adelante, y con una mirada algo temerosa se decidió de besarla en el cuello, ese primer beso despertó en nuestra victima una electricidad que recorría su cuerpo, de eso me di cuenta cuando llegó mi turno, ya que suavemente seguí desabrochando su pijama y dejando al descubierto eso pechos tan deseados. Me acerqué pasé mi lengua por uno de sus pezones, bordeando su aureola para acabar absorbiendo su pezón pero siempre con cuidado de no despertarla, o al menos eso creía yo. Le llegó el turno a mi amiga y ella se decidió por besar cu cuello, improvisó un pequeño recorrido desde su oreja hasta llegar a su otro pecho, el cual con gran maestría logro erizarlo en pocos segundos, Yo algo temeroso pero muy excitado me dirigí a su otra oreja y la relate unos versos sumamente eróticos para haber si hacían mella en su inconsciencia y soñaba con esa situación, ella lo estaba escuchando todo perfectamente, pero continuaba haciéndose la dormida, mi amiga dejándose llevar por su ardiente lujuria se aventuró a besarla en los labios, mientras con una mano acariciaba su cabello, fue bordeando todo su rostro comiéndosela a besos, cuando esta tenía su oreja a la altura de la boca de nuestra victima escuchó: - aun no me habéis quitado todo.. Atemorizada por la reacción de su compañera, mi amiga paró, pero esta vez fue la compañera la que agarró la mano de mi amiga y la condujo hasta ese húmedo cielo que nos faltaba por descubrir, nosotros no cabíamos en nuestro asombro, la situación se aceleraba por momentos, la tímida compañera de piso había estado despierta todo el tiempo y deseaba seguir adelante con el encuentro, ya que el morbo de verse besada por una chica la llevó a pensar que nadie más excepto alguien de su mismo sexo podría conocer los secretos que el cuerpo de una mujer encierra. Poco a poco se desprendió del short y dejo su monte de Venus a merced de los labios de mi amiga, a mí me dirigió la mano hacia sus pechos y me besó en la boca, nuestras lenguas bailaban al son de los chasquidos que amiga provocaba en húmedo coño, ella continuó besándome mientras sus labios se deslizaban suavemente hasta mi verga, una vez allí me hizo subir al sofá, mientras mi amiga degustaba sus placeres mas bajos, yo estaba encima del sofá, de pié en frente de la compañera de piso, ella acariciando mi culo me agarro y me llevo la verga a su boca, allí sentí su calor, nuestros cuerpos sudaban y caldeaban el ambiente de un sabor muy sensual. Después de unos minutos nos tumbamos los tres en la alfombra, allí nos dedicamos unas caricias, mi amiga se tumbó boca arriba, yo abrí sus piernas y dirigí mi erecto miembro a su cálida cueva, la cual se hallaba más que lubricada debido a su excitación, su compañera reposó suavemente su vagina sobre la boca de mi amiga, me miró y me invitó a que le chupase sus pechos, mientras mí amiga movía su lengua ágilmente por los recodos de su compañera yo la penetraba una y otra vez, cada vez mas enérgicamente, su compañera la acariciaba los pechos mientras me besaba a mí, no podíamos contenernos, estábamos al borde del éxtasis pero no podía acabar tan pronto, de manera que nos cambiamos de posición, esta vez mi amiga se tumbó sobre una mesa, abriendo sus piernas sugirió a su compañera que probase el sabor de néctar, a lo cual esta accedió gustosamente, se inclinó sobre mi amiga y comenzó a mamarla, las dos gemían de placer, al ser mujeres conocían perfectamente cada rincón de su cueva, los puntos donde más placer sentían, yo me aproximé por su espalda, agarrando la cintura de la compañera comencé a chuparla desde atrás, pasaba mi lengua por la raja de su culito, eso hacía que sus labios inferiores se contrajesen y la impulsaba hacia delante, cuanto mas lo rozaba mas fuerte apretaba los pechos de mi amiga hundiendo su lengua en el húmedo coño que se hallaba frente a su boca, yo proseguí mi exploración con mi lengua, cuando vi que sus puertas se abrían de par en par aproveché para hundir mi pene en su interior, me recosté sobre su espalda y la besé, mi mano ahora recorría sus pechos, con pequeños pellizcos que la llevaban a soltar algún que otro grito de placer, los tres nos movíamos acompasados, dejándonos llevar por la lujuria y el desenfreno, después de un rato, entre niebla de sudor y olor de excitación en el ambiente llegamos a un orgasmo que nos unió en un átomo, soltamos nuestros líquidos como locos, no veíamos ninguna barrera a nuestro alrededor, solo placer, mucho placer. Después de unos momentos cada uno se dirigió a su habitación, yo dormí con mi amiga, pegando mi pene en sus nalgas y con un pecho agarrado, dormimos placidamente hasta la mañana siguiente, pero antes de levantarnos, mi amiga y yo nos vimos debajo de las sabanas descubriendo los placeres que el amanecer nos brinda, pero eso es otra historia que contar Unai Alcón 16:36:35 viernes, 21 de febrero de 2003 Autor: Unai Alcón

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